Dicen que el tiempo cura todo. No se imaginan cuánto me
rebelé contra esa afirmación anoche mientras veía “Animales sueltos” (América).
Suponer que la simple sucesión de amaneceres y anocheceres sana los dolores del
alma, cualquiera sea el daño padecido, es de una liviandad intolerable. Quien
haya visto ayer el programa de Alejandro Fantino coincidirá conmigo en que
además de mentiroso, es inmoral dejar en manos del calendario las heridas de un
niño abusado sexualmente. A propósito del lanzamiento del libro del periodista
Nicolás Cassese, “El secreto de San Isidro. Una historia real” (Sudamericana),
se demostró allí que el padecimiento de la víctima de un pedófilo no prescribe.
Y ni siquiera se alivia si le guarda bajo un cono de silencio.
El libro de Cassese reconstruye la historia de un grupo de
hombres que en su infancia fueron abusados por Peter Malenchini, un profesor de
plástica del colegio de San Isidro San Juan el Precursor, y que 30 años después
decidieron sacar a la luz lo sucedido a principio de los ’70. Junto al autor
estuvieron en “Animales sueltos” dos ex alumnos del docente pedófilo. Ellos no
fueron víctimas de sus abusos sexuales en la infancia. Entonces, ni siquiera
supieron que Malenchini — “el carismático, el que organizaba los campamentos,
el que cambiaba la rutina de los profesores aburridos”, lo describieron—abusaba
de algunos de sus compañeros. Si en aquella época les hubieran preguntado por
Malenchini, habrían respondido, sin miedo a equivocarse, que además de un tipo
encantador y talentoso artista plástico, era un héroe. A esa categoría lo
habían ascendido durante un viaje a Bariloche. “Un grupito de alumnos nos
perdimos en un cerro— recordaron—. Se hizo de noche. Y a las 03.30 A.M, quien
nos encontró, acompañado por un baquiano, fue Malenchini. Era un héroe”.
Aquellos chicos se hicieron hombres y decidieron que el 25
aniversario de egresados merecía una celebración. Consiguieron reunir a casi
todos los de la promoción para armar el festejo. En eso estaban cuando uno de
ellos, Charlie, se paró y vomitó el dolor que nunca había cesado. Lo dijo así,
de un latigazo: “Yo no tengo hijos, pero no quiero que esto les pase a los
hijos de ustedes: a mí, Malenchini, me garchó durante 3 años”. Un rayo de
desilusión los fulminó. Al desconcierto le siguieron el asco y la indignación.
El secreto había sido derrotado por las palabras. Y Charlie ya no estaba solo.
Hombres de bien, sus ex compañeros decidieron actuar.
Recabaron datos. Descubrieron que Charlie no había sido la única víctima del
profesor pedófilo. Hicieron pegatinas en las escuelas de la zona Norte para
desenmascarar a Malenchini. Buscaron asesoramiento jurídico. En 2004, recalaron
en el programa “Código penal”, que conducía Rolando Graña por América.
Sorprendieron a Malenchini con una cámara oculta, donde admitió haber cometido
los actos aberrantes.
Nicolás Cassese no había nacido en los ’70, pero cursó sus
estudios en San Juan el Precusor. Aquella noche de 2004, vio el programa de
América. “Me impactó la construcción del secreto —declaró ayer en “Animales
sueltos”—. Me impactó que el secreto construido en un San Isidro cerrado y
conservador se estuviera derrumbando en esa propia comunidad”. El periodista
sintió entonces que debía investigar y escribir esa historia. Lo hizo en el
libro que acaba de editarse.
Charlie ha muerto. De Malenchini no se conoce paradero
cierto. Pero los ex alumnos del docente pedófilo rescataron anoche una serie de
logros. “En 2004, cuando la noticia salió a la luz, el colegio nos pidió
silencio. Hace 10 días, en cambio, el rector, Eduardo Cazenave, escribió una
carta pidiendo perdón a las víctimas, a sus familias y a toda la comunidad”,
contaron. Y agregaron que Malenchini “tuvo la condena social: ya no pudo seguir
viviendo como un reconocido artista plástico que pasaba su vida entre San
Isidro y Punta del Este”.
Cassese explicó que algunos de los padres de los chicos
abusados están al corriente de lo sucedido, pero que decidieron ocultarlo para
que sus hijos “no fueran estigmatizados”. ¡Ay, ese maldito hábito social que en
los delitos sexuales termina confundiendo víctima y victimario! También
contaron anoche en la TV que ciertos sacerdotes conocieron los hechos y
callaron. Ojalá que muchos hayan tomado nota de lo que vimos ayer en el
programa de Fantino. Escondido en las entrañas del silencio, el abuso infantil
continúa lastimando a la víctima, porque es mentira que el tiempo por sí solo
cura todo.
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