El fútbol argentino está atravesando una etapa por demás delicada. Es que con el correr de los años, el ir a presenciar un partido de fútbol dejó de ser un espectáculo al que se podía asistir en familia, para pasar a convertirse en un acto de supervivencia. Es que cada día se ha vuelto más inseguro ir a alentar a los equipos a la cancha y en los apenas dos meses que van de 2013, los hechos de violencia han opacado y manchado de sobre manera el fútbol argentino.
Lamentablemente, la violencia parece no tener fin y la pregunta sigue más instalada que nunca: ¿Hasta cuándo?
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